martes, 2 de noviembre de 2010

Calavera Bicentenario

A qué tanto celebrar
en este Bicentenario,
si el pueblo no puede palpar
en su bolsillo un “denario”

Dicen que Hidalgo fue
para nuestra Patria un padre.
yo lo creo y no lo discuto,
pero después de su muerte,
todo se volvió un desmadre.

Pasaron doscientos años
y ese pueblo sometido
sigue usando humildes paños
y el gobierno le ha mentido.

Pregunto, ¿habrá algo a celebrar?
¿Celebrar la corrupción?
o al hermano a ayudar
a entender la situación
y ayudar a que juntos
su hambre pueda superar.

No, yo mismo me respondo,
no hay nada qué celebrar,
si hay un dolor muy profundo
primero habrá qué sacar
a esos pobres de su mundo.

Cuando la muerte pasó,
después de doscientos años,
dicen que solo pensó
mirando los grandes daños,
a este pueblo bullanguero
el Gobierno lo transó.

Sergio A. Amaya S.
Cd. Juárez, Chih.
Oct. 31/2010

Calavera de Sergio Amaya S.

La Parca viene a buscar
al escritor Sergio Amaya,
y burlón dice el canalla:
lo acabo de ver pasar.

No te ocultes, valedor
le dijo la flaca en chanza,
eres mal escribidor,
ya no te pases de lanza.

Mira, honorable flaca,
mi escrito he de terminar
y ya me está dando fiaca,
debo ver Publimentar.

Escribidores del pueblo,
los recibo por igual,
lo mismo de Cyberpueblo
o de casa del nahual.

Espera un poco, tengo sed
y el camino es muy largo
pues el Domingo entraré
hasta a Periplos en Red.

Mucho publicas, panzón
y ya te tengo un espacio
para que escribas despacio,
en el obscuro panteón.

Sergio A. Amaya S.
Octubre de 2010.
Cd. Juárez, Chih.

Amor efímero

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Leves pisadas se sentían en el prado,
era la luna, cuyos rayos abrazaban a la noche,
noche de terciopelo, de cálida brisa de verano.

Las aves nocturnas volaban, como llevando un recado;
la joven, en vaporosos velos, sin reproche,
esperaba el mensaje del amado y tomarlo de la mano.

Las ramas de los árboles, amables susurraban
poemas de amor que la envolvían
en los aromas de las plantas y las flores.

Los rayos de plata de la luna, acariciaban
su rostro y en voz baja le decían
que esperara, tranquila, al dueño de sus amores.

Pero el amor esperado no llegaba
y la joven, temerosa de no hallarlo,
lloraba suavemente, sin consuelo.

Sería que el amor que ella esperaba,
era solo una ilusión, pues sin palparlo,
tenía la esperanza de ser llevada al cielo.

Efímero es el amor que se imagina,
pues termina cuando acaba la noche
y la luz del sol nos ilumina.

Sergio A. Amaya S.
Nov. 02/2010 – Cd. Juárez, Chih.
www.elrincondeamaya.blogspot.com