miércoles, 21 de enero de 2009

LA VOZ

1. El encuentro.

El hombre, pensativo, camina en su despacho; un viejo escritorio de noble madera ocupa parte de la estancia, sobre él, una lámpara y un busto de bronce de un Cristo Doliente. En la pared del fondo un librero que guarda sus amados libros: Una vieja edición de El Quijote empastado en piel; una Biblia muy leída, versión de Jerusalén; la Iliada y la Odisea, sus libros de estudiante y algunas novelas que en su vida han dejado huella.

En los muros unas pinturas y dibujos de su propia creación. A un lado del escritorio una computadora que contrasta con ese ambiente de los años 60’s.

Antonio es feliz en ese pequeño espacio, su espacio; sitio donde desarrolla sus trabajos y lugar donde tranquiliza su ánimo cuando las diarias tareas lo agobian. En esta ocasión lo tiene enojado un desacuerdo tenido con un cliente, pues le desconocen un trabajo terminado que tal cliente le había encargado. Antonio camina y reniega por la mala jugada que le han hecho. De pronto escucha una voz que le llama: Antonio… Antonio, tranquilízate.

Sorprendido, Antonio se vuelve hacia la puerta gritando: ¿Quién esta allí?... ¡No quiero que me molesten!.... Silencio, nadie responde. Antonio dice para sí mismo: ¡Caramba, ya oigo voces, me voy a volver loco!

Ahora escucha una risita, como que se burlan de él. Ji…ji…ji…ji. Furioso, Antonio busca a quien se atreve a burlarse de él, pero se da cuenta que está solo en la habitación.

Antonio, no temas, acércate. Vuelve a escuchar la voz, temeroso, se da cuenta que la voz proviene del escritorio; lentamente se levanta, se acerca al escritorio y busca para hallar de donde proviene la voz, entonces se da cuenta que es del busto de bronce, cuyas facciones parecen haber cobrado vida, sin dejar de parecer de bronce y dice en voz alta: ¡Realmente me he vuelto loco! Y cae desmayado al pie del escritorio.

Pasaron algunas horas, Antonio vuelve en sí y trata de saber qué ha pasado; sosteniéndose de la silla se incorpora lentamente, aturdido, desorientado. Se sienta frente al escritorio viendo de frente al busto de bronce; dice para sí mismo: Qué tan loco estaré ya que creí que me hablaba este busto de Jesús.

Calma, Antonio, vuelve a hablar el busto, en realidad quiero platicar contigo….

Lleno de estupor, Antonio no halla palabras para responder…. Finalmente atina a decir: ¿En realidad hablas?

Claro que hablo, responde el busto, y me da gusto que ya lo hayas entendido.

Ya mas repuesto, Antonio le pregunta: Bueno, Señor, suponiendo que no me he vuelto loco o estoy soñando, ¿Por qué me haces tal distinción?

Escucha Antonio, en realidad trato de hablar con todos los que creen en mi, unos me escuchan y piensan que es por su conciencia; algunos hacen caso, otros no. Hay algunos otros que aún cuando les hablo, son de oído duro y no me escuchan: Tal vez a esos hermanos les tenga que hablar cuando vivan momentos difíciles. En tu caso particular, continuó hablando el bronce, tú estás viviendo momentos difíciles en tu vida y mentalmente estás propicio al diálogo, también hay otra razón, a últimas fechas me he sentido muy solo, como que la gente se ha ido separando de mi para refugiarse en otras prioridades.

Pero Señor, responde Antonio con seguridad, si todo se realiza por la voluntad de Dios, tú mismo debes saberlo.

Efectivamente, responde Jesús, lo que sucede es que no predetermina el hecho en sí, sino la posibilidad de que ocurra y eso dependerá del libre albedrío del hombre.

Señor, interrumpió Antonio mirando su reloj, me tengo qué retirar, pues tengo algunas citas qué atender; me dio gusto platicar contigo, espero que lo podamos repetir.

Mirándolo con simpatía, el busto le respondió: ¿Ahora comprendes lo que te digo?, pero no te preocupes, claro que volveremos a platicar. Es mas, dijo en son de broma, ¿A dónde puedo ir si solo soy un pedazo de bronce?.

La habitación quedó en silencio, el busto volvió a adquirir sus facciones metálicas. Antonio, meneando la cabeza, miró al busto, frío como el bronce.



2. La ecología

Era ya tarde cuando volví al despacho, el día había estado plagado de problemas que, afortunadamente, se habían podido resolver. Me sentía agotado pero satisfecho de los logros obtenidos. Mecánicamente encendí mi computadora a fin de concluir con las actividades del día y planear las del día siguiente.

Cerca ya de media noche y con los ojos cargados de sueño, me disponía a apagar el ordenador, cuando nuevamente escuché la voz:

Qué tal Antonio, veo que ya has terminado tu trabajo del día, cuéntame ¿cómo te fue?

Antonio miró al busto y convencido de que era real, habló como lo hiciera con cualquier persona.

Qué te puedo contar, respondió Antonio, si tú lo sabes todo, ¿no es así?

Efectivamente así es, respondió la figura de bronce, pero ante tanto desorden del hombre, tengo que dar prioridad a ciertas cosas, de manera que las cuestiones personales las escucho mejor de labios del propio protagonista. ¿Puedes imaginarte, continuó la voz, que en cierta región de África, la sequía prolongada está provocando que la gente muera de hambre, mientras en otra parte del mundo, tiran al mar miles de toneladas de alimentos a fin de mantener altos los precios?, pues esa es la locura del hombre, siguen pensando que podrán llevarse las riquezas materiales y se olvidan que solamente podrán contar con las obras buenas que hayan realizado en su paso por la tierra.

Pero hay otra cosa, ¿por qué esas prolongadas sequías en unos lugares y catastróficas inundaciones en otras? Parte de esa responsabilidad la tienen esos desarrollados países que producen en abundancia, pues también contaminan en demasía, ocasionando con ellos graves contaminaciones del ambiente, que aunadas a otras causas, van llevando a esos cambios climáticos. ¿Quieres algún otro ejemplo de mis actividades?.

Antonio parecía apenado, realmente se sentía mezquino al comparar sus contratiempos con el enorme problema que había escuchado.

Bueno, Señor, perdona mi egocentrismo, pero…. No te preocupes, Antonio, le interrumpió el Señor, sé muy bien que cada quien trata de resolver sus propios problemas y es válido, pero no olvides que eres una pequeña muela en el infinito engranaje de la vida y lo que esa pequeña muela haga o deje de hacer, tarde o temprano hará efecto en el resto del mecanismo.

Jesús, interviene Antonio, ahora que tocas el tema del cambio climático, es un tema recurrente en nuestros días, pues estamos viendo y viviendo fenómenos naturales no previstos, la pregunta es: ¿Es este el principio del fin, tan anunciado por los profetas?

El busto de bronce sonrió con indulgencia, Eso no lo sé, pues el día y la hora, sólo lo sabe el Padre, pero no es algo que deba preocuparte, mas bien, debes ocuparte en no seguir deteriorando el medio ambiente, pues de seguir a ese ritmo, sí podría representar el fin de tu entorno. ¿Te imaginas tener veranos con +50° e inviernos con -25°?, además de padecer una constante falta de agua potable. Eso, Antonio, es a lo que están llevando al mundo; aún así, no te preocupes de mas, pero no dejes de trabajar para revertir la tendencia.

Antonio se quedó pensativo….. finalmente preguntó: Señor, ¿cómo puede cada uno trabajar en ese sentido?

Pues muy fácil, respondió la voz, a ti te gustan las casas antiguas, pues te recuerdan lasa de tu niñez, dime ahora ¿por qué?

Sin comprender plenamente, Antonio respondió: Eran casas amplias, muy frescas en verano y tibias en invierno; con sótanos llenos de aventuras y una huerta, o cuando menos un patio de tierra con plantas y árboles donde colgar un columpio o bueno para trepar por sus ramas. Las de mis amigos, cuyas familias eran ricas, tenían hermosos patios con pisos de cantera y plantas en los corredores.

Bien, volvió a hablar el busto, ahora descríbeme la casa donde vives.

Bueno, Señor, respondió Antonio como apenado, tú bien sabes que no soy hombre de fortuna, mi casa es pequeña, dos habitaciones, una breve estancia, cocina y baño y atrás un pequeño patio encementado donde lavar y tender la ropa; al frente la cochera cubierta y un pequeño jardín, o tal vez sea un gran arriate, acotó en broma.

El bronce captó el sentido y sonrió. Ahí tienes la respuesta. En la casa de tu infancia no se necesitaba un ventilador o aire acondicionado. No había cochera porque había pocos autos, unos y otro requieren energía para moverse y eso supone el empleo de combustibles fósiles. Como las casas eran amplias, tenían una ventilación natural; los sótanos les proporcionaban un aislamiento también natural, lo que la hacía mas térmica. El huerto aquel de tus juegos infantiles era permeable, para dejar pasar el agua de lluvia y propiciar la recarga de los mantos acuíferos; los árboles y las plantas son purificadores naturales del ambiente y las estaciones se sucedían una tras otra de forma predecible y placentera.

Tu vivienda actual es lo contrario de aquella, además de que se repite por cientos en un pequeño espacio. En la medida de lo posible, vuelve a la naturaleza y le ayudarás a ella a volver al hombre, pero éste está obligado a cuidarla y protegerla. Cuando el hombre entienda esto tan sencillo, estará de regreso en el camino correcto. La tecnología está tan avanzada, que solo se requiere que la utilicen en la forma adecuada; el sol, el aire, el mar, los ríos, son parte de la naturaleza y están al servicio del hombre, por lo mismo, deben cuidarlos, ver que no se viertan desperdicios a los cauces de ríos o cuerpos de agua, pues todo ello redundará en perjuicio del hombre, mas tarde o mas temprano.

El busto quedó en silencio y Antonio comprendió que todo estaba dicho por ese día; salió de su oficina y apagó la luz. Su casa no estaba lejos, así que dejó el auto y caminó bajo un cielo alumbrado por la luna y las estrellas, una suave brisa le acariciaba el rostro.

OBRA EN PROCESO


SERGIO AMAYA S
Enero 21/2009
Ciudad Juárez, Chih.

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