martes, 14 de octubre de 2008

¿Por qué?

¿Por qué, Dios, has permitido
Que el hombre, creciendo en egoísmo,
Atente, consistente y sin sentido
Contra su propio hermano, cual un sismo?

¿Qué pasará, Señor, con esos niños
Que perecen de hambre, solitarios
Entre iguales, sin cariños,
Sin consuelo, en ignoto corolario?

¿Cómo pueden existir, amado Padre,
Seres desalmados que tornen
Por un puñado de monedas, si les cuadre,
La vida de un humano que retienen?

¿Por qué ocultas, ¡Oh Dios!, tu rostro
Ante los horrores de la guerra
Que seres insensibles, sin rostro,
Arrasan a los pueblos y a la tierra?

¿Será, Padre, que agotada tu paciencia
Ante la loca ceguera de tus hijos,
Que han cambiado tu amor por pseudociencia,
Prepares nueva Sodoma contra padres y sus hijos?

Misericordia, Señor, que si dispuesto
Estabas a perdonar a un pueblo
Si sólo se encontrara un hombre justo,
Muchos habemos, Padre, en justo duelo.

Mira Padre a ese Maestro,
Que con noble paciencia
Enseña a sus niños el camino diestro,
Dando a ellos su pródiga ciencia.

Observa a aquel otro artesano,
Que a fin de llevar el pan a su familia
Trabaja con energía, muy ufano,
Dando forma al barro, sin melancolía.

Pero sé bien, Señor, que en tu misericordia
Darás a cada cual justa medida,
Escuchando a tus hijos narrar su historia
Y a todos darás amor en gran medida.

Creo entonces, Dios y Hermano,
Que dándonos libre albedrío
Nos dejas ejercer el lado humano
Y entregar cuentas al llegar al ancho río.

El can cerbero serán nuestros errores
Y no habrá Caronte que nos cruce,
Los Ángeles serán cual grandes torres,
Los que nos cierren el paso o que nos crucen.

Debemos entonces, Señor,
Superarnos a nosotros con pasión
Para ser gratos a ti y en tu amor,
Buscar el premio y el acceso a tu Mansión.

Sergio Amaya S.
Marzo 22/2008
Naucalpan, Edo. Méx.

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