martes, 21 de octubre de 2008

Oda a Maru

Una hermosa cabellera
Con reflejos de oro viejo,
Unos ojos como soles
Y al hablar, un suave dejo.

¿Cómo puede algún mortal
Contemplar a tal belleza
Sin sentir que el corazón
Se vence ante su realeza?

Cuando yo la conocí
Saboreé su trato suave,
Después, con el tiempo vi
Que esta mujer sin igual,
Solo sería para mi.

María Eugenia es su nombre
Y lo digo con cariño,
Maru le dicen en corto,
Como decirlo en un guiño.

Veintitrés años pasaron
Y esa joven tan hermosa,
Se convirtió en gran mujer
De alma tan candorosa.

Sus suaves manos yo tengo
Impresas dentro del alma,
Y su calor lo retengo
Y lo disfruto con calma.

Soy un hombre afortunado,
Agradezco todo a Dios,
Pues el amor de mi esposa
Florece cada mañana,
Como una rosa en botón.

Caminamos de la mano,
Nuestro pelo tiene canas,
Pero el amor que sentimos
Aún resuena, cual campanas.


SERGIO AMAYA S.
Septiembre de 2003.
Acapulco, Gro.

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