martes, 21 de octubre de 2008

Mis hermanos

Gloria a Dios, bendito sea,
Cuanto amor, cuanta largueza
Derramó en este hijo suyo,
Pues me llenó de riqueza,
Y lo digo con orgullo.

Quiso darme tres hermanos
Para llenarme la vida
Con su amor y su presencia,
Bendiciendo a nuestras madres
Por su amor y su paciencia.

Cuando éramos pequeños,
Antulio nos cuidó siempre
Con amor de hermano grande,
Cuidándonos hasta el sueño.

Iris, como mujer,
Estaba siempre en la casa,
Viendo a mi madre extender
Ese guiso que no alcanza.

Pepito y yo, dos pequeños,
Repartíamos nuestros días
En mil juegos y aventuras,
Realizando nuestros sueños.

Esta hermandad, lo lamento,
No podremos repetir,
Pues del amor de las madres
Aprendimos a vivir,
Y ese amor es el cimiento.

Hoy que el viento del otoño
Ha llegado a nuestras vidas,
Ese amor se ha acrisolado,
Y lo digo sin engaño,
De fina ley ha quedado.

En el cielo están las madres
Mirando con gran ternura,
Pues el amor que sembraron
En estos los cuatro hermanos,
Es tan fino, que perdura.

SERGIO AMAYA S.
Septiembre de 2003.
Acapulco, Gro.

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