martes, 21 de octubre de 2008

La estación del tren

La estación del tren se mira a lo lejos;
La siembra madura de tonos bermejos,
La calle empedrada de niños rebosa,
Jugando “encantados” el grupo retoza.

El andén se llena de rostros ansiosos,
parientes que esperan y niños ruidosos;
El vendedor pregona juguetes de madera,
Allá ofrecen cajetas, detrás de una vidriera.

Resoplando llega el tren a la estación,
Allá un grupo canta la triste canción,
Los viajeros cargan cajas y maletas
el niño no viaja, hace una rabieta.

El Conductor anuncia, se va el Águila Azteca,
llegará a Irapuato, a León y Zacatecas;
Las marchantes ofrecen sus típicos platillos,
Cocinados al fuego, en rústicos hornillos.

El tren se va alejando, se pierde en lontananza,
La estación queda sola y la noche avanza;
Un cargador ya viejo, su carromato empuja
Y en el cielo nublado la luna se dibuja.

Qué lejos ha quedado la vieja estación,
Sola como un recuerdo, triste como panteón.
El viejo carromato para el envío de Express,
Yace ahora quebrado, tirado de revés.

Lo que otrora fue una activa oficina,
Luce ahora desierta, bajo el sol que calcina;
Ya no habrá mas adioses, ni risas, ni canciones,
Sólo el viento que sopla, allá, por los rincones.

El antiguo vagón de bancas de madera,
Luce ahora impotente la verde enredadera;
Sus ruedas de metal, que fuesen tan ruidosas,
Se oxidan en el tiempo, ahora silenciosas.

Y ese viejo tren que poco iba a tiempo,
Salió de la estación, a perderse en el tiempo,
Sólo dejó el recuerdo, como vieja canción.
Quedó sola en el campo una vieja Estación.

Sergio Amaya S.
Julio 11/2007
Acapulco, Gro.

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