miércoles, 15 de octubre de 2008

La carta olvidada

Era uno de esos días en que después de dos horas de levantado, se pone nuno a pensar si no hubiese sido mejor quedarse en la cama. Me explico:


Soy una de esas personas exigentes con el orden, algunos amigos me dicen que soy obsesivo, pero exageran. Tengo 60 años, vivo solo con mi esposa, pues los hijos ya son mayores y están casados; bueno, también con una perrita, “French”, que estoy seguro que no me quiere, es mas, si alguna vez caigo desmayado y estoy solo, con seguridad se me lanzaría a la garganta. En fin, retomemos el día.

Amaneció lloviznando, yo tengo que salir a trabajar y me molesta mojar mis zapatos en los charcos.

Al irme a poner las pantuflas, una de ellas estaba húmeda y mordisqueada por “French”, la perrita, adorada por mi mujer, la odiosa perrita solo me miraba con ojos burlones, echada a los pies de mi esposa, lista a delatarme al menor intento de darle su merecido.

Mi esposa había amanecido con jaqueca, por lo que tuve que hacerme el desayuno; por si no fuese suficiente, ls tazas estaban revueltas con los vasos y los platos con las budineras, así es que tuve que sacar todo de las alacenas para ponerlas en orden; cuando finalmente terminé, ya era tarde para desayunar, así es que solo tomé un café, muy cargado y muy frío.

Apenas tenía tiempo para bañarme, pues debía salir de casa a las 8:20, pues hacía cuarenta minutos exactos a mi oficina, pero, ¡oh sorpresa!, el gas se había terminado y no había agua caliente, me metí a bañar con agua helada. Me encomendé a Dios y me mojé en medio de un temblor febril, tomé una generosa porción de shampoo y me cubrí la cabeza y la cara con la cremosa espuma y en ese momento se terminó el agua; a tientas localicé una toalla para limpiarme el jabón de la cara y así, enjabonado, esperé paciente, medio desnudo, a que volviese el agua.

Tantos sinsabores en tan breve tiempo, me hacían pensar en la posibilidad de volverme a la cama y permanecer en ella el resto del día, pues razonaba, “LO QUE EMPIEZA MAL, TERMINA MAL”

Pero un rayo de luz vino a mi mente: no es posible que unos cuantos contratiempos me llenen de pesimismo; confiado en ello, ordené algunos papeles en tanto llegaba el agua y fue así, como cosa milagrosa, que encontré la carta de un buen amigo, carta pendiente de contestar y que de no haber sido por esa mañana tan singular, tal vez hubiese quedado olvidada por no sé cuanto tiempo.

Querido amigo, que aún tan distante mes has traído la calma para sentarme un momento a releerte; en dicha carta me expresas tu afecto y me deseas todo género de cosas positivas, te interesas por mi vida y me cuentas parte de la tuya.

En realidad nuestros problemas suelen ser mayores que la falta de agua para la ducha, tan graves como que el ser amado le diagnostiquen una grave enfermedad; tan alarmante como que esa alarmante noticia nos llegue cuando la edad nos empieza a rebasar y llevamos varios meses sin empleo.

Pero el leer tu carta, querido amigo, me ha llenado de paz, de consuelo y esperanza. Han pasado tantos y tantos años y tú aún me tienes presente, eso es gratificante, pues me doy cuenta que tú siempre has estado ahí, paciente, amante, sonriente y yo, por mis prisas por llegar a ninguna parte, no me he dado tiempo de darme un respiro para leer tu carta y contestarte.

Al reflexionar en tu carta, comparo mis problemas con los tuyos y me doy cuenta que yo estoy en un parque de diversiones; cuánto deben haber sufrido tus padres y cuánto mas sufriste tú mismo, pues en los momentos de mayor apuro, hasta tus amigos se esfumaron, no obstante, tú siempre fuiste fiel en tu amistad, esperando paciente a que tus amigos volvamos a ti.

A la luz de tu carta, fiel amigo, amoroso hermano, revaloro ahora la magnitud de mis problemas y como en una balanza, pongo en un platillo las cosas positivas de mi vida y en el otro, los momentos difíciles y veo con placer y agradecimiento que éstos jamás superarán a aquellos, pero principalmente veo que en tus momentos de apremio, estuviste, casi sin amigos; en cambio nosotros, aún en los momentos mas amargos y particularmente en ellos, siempre hemos tenido a nuestro lado el inestimable valor de tu presencia.

Por medio de tus amigos y gente que te ha conocido, sabemos de tu vida: tú mamá algunas cosas contó a uno de tus amigos, que aunque no te conoció personalmente, te seguía y buscaba con ansia; otros nos han interpretado lo que tus amigos escribieron, pero en una cosa coinciden todos: Tu obediencia a tus padres y tu amor a todos tus amigos.

Gracias, querido hermano, porque esta carta tuya me ha dado la tranquilidad que necesitaba, yo también estoy obediente a la voluntad del Padre; sé que mis problemas no desaparecerán, pero cuento con tu amor y tu amistad para sobrellevar todo lo que el Padre disponga.

Mira pues que esto que parecía un día nublado y frío, por tus cálidas palabras se ha tornado e un día brillante de luz cálida y vivificante.

Sergio Amaya S.
Agosto 28/2006
Acapulco, Gro.

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