miércoles, 15 de octubre de 2008

Añoranza

Recuerdo cuando era niño que a mi padre yo añoraba, cuando alguien con gran malicia se burlaba de su ausencia, en un rincón solitario mis lágrimas derramaba.

Después, cuando joven fui, me hizo falta su presencia para orientarme en la vida, saber si el camino, que inexperto yo tomaba, era el camino mejor para ganarme la vida.

Ya de hombre me hizo falta para entregarle mi amor, que estaba sin estrenar. Como haya sido lo amo, pues a mi madre él amó. Cuando al fin nos encontremos en la presencia de Dios, le entregaré yo el amor que él nunca se procuró.

Ahora de viejo ya solo le pido a Dios, que el amor que di a mis hijos lo reciba yo constante y que ellos nunca reclamen el cariño de su padre. Tranquilo me siento yo de contar siempre con ellos; buenos hijos me dio Dios, gracias le doy a su madre.

s. amaya s.
julio de 2006
naucalpan.

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