miércoles, 2 de julio de 2008

BUBU LABU

He sido muy afortunado, Dios me ha bendecido con la facilidad para hacer reír a los hombres; desde luego que también a las mujeres, a los niños y niñas y hasta a los ancianitos, ellos que tanta necesidad tienen de reír, porque con el paso de los años como que se va acabando el sentido del humor. Al igual que otros sentidos. A través de mi vida, he constatado que el lenguaje del alma es la risa. Si vieran cuanta satisfacción siento al ver la sonrisa de los niños cuando me paro frente a ellos, con mis grandes orejas; unos ojos grandes y expresivos enmarcados por un par de bonitas cejas que sonríen al revés. Mi nariz, que curiosamente no es roja cual cereza, sino de un ligero amarillo rojizo, como un tierno durazno. Y mi boca, ¡una eterna sonrisa azul cielo!

Yo creo que el alma es de color azul cielo, y como al cielo las tormentas ensombrece, así en el alma, las tristezas y rencores ensombrecen el alma; mucho más éstos que aquellas, pues la tristeza suele ser pasajera, pero el rencor se hace más profundo a medida que pasa el tiempo.

Decía pues, cuando me ven los niños, con sus almitas blancas, sus ojitos se llenan de asombro y, solo de verme, sonríen y sus sonrisas alimentan sus almas y enriquecen la mía.

Yo no recuerdo en vida un solo día de tristeza, pues aunque hubiese carencias materiales, que las hubo y grandes, era suficiente para mi saber que Dios me daba un día más de vida para disfrutar Su Creación; y veía reír a Dios en los rayos del sol, en el rumor del arroyo, en el trino de las aves, en el croar de las ranas, en las risas de los niños y hasta en el chispeante saltar de los chapulines.

Viendo estas maravillas me decía: ¡Cuanto nos quiere Dios!, que nos alimenta el alma con sus maravillas.

¿Has disfrutado tú, amigo mío, del brincar en los charcos que ha dejado la lluvia?. ¿Has caminado descalzo en la fresca hierva, húmeda de rocío?. Es la sonrisa que Dios nos da, a nosotros, Sus hijos.

¿Me preguntas mi nombre?…. ¡Bubu Labu!. ¿Se te hace raro?; más bien es chistoso, pues es la onomatopeya de los niñitos antes de saber hablar. ¿Escuchas balbucear a tu pequeño?, pues me está hablando. Como los niños tienen un alma pura, me llaman y me ven y yo les sonrío y comparto con ellos la alegría de ser y estar.

No me busques en un circo o en una plaza pública, búscame dentro de ti y si alguna pena o tristeza te nubla el alma y no logras hallarme en los rincones de tu alma, búscame en un niño y pídele que te sonría. Cuando sientas su sonrisa, entonces me verás y se disiparán tus penas. ¡Hasta luego hermanitos!

Sergio Amaya S.
Agosto de 1998
Celaya, Gto.

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