jueves, 13 de diciembre de 2007

EL MAESTRO AÑORADO

Con cuanta nostalgia recuerdo al Maestro,
Zapatos gastados, traje lamparoso,
Ánimo resuelto, mente luminosa,
Su conocimiento quiere hacerlo nuestro.

Lo vemos llegando puntual a la escuela,
Libros bajo el brazo, mirada resuelta,
Los niños le abrazan, sincero cariño,
La mayoría aprende, eso lo consuela.

Ha pasado el tiempo, el maestro sigue
Con paso resuelto para dar su clase,
Los niños crecieron, son jóvenes ya,
Sus niños son grandes, el tiempo prosigue.

Ahora viejo soy y cuánto lo añoro,
Recuerdo al Maestro, cuánto me enseñó,
Me dio su cariño, mucho le aprendí,
Su voz, su paciencia, yo las atesoro.

Cuánta suerte tuve de ser yo su alumno,
Pues lo que ahora soy, él me lo enseñó,
A juntar las letras, amar la lectura,
El noble Maestro, mi tierra abonó.

Sergio Amaya S.
Octubre/2007
Naucalpan, Méx

DON DE DIOS

Tenemos hijos de sangre
Y otros que nos manda Dios,
A todos amamos siempre
Dándole gracias a Dios.

Al principio del otoño,
El Señor ha mandado un alma
En el cuerpo de otro niño
Para anidarlo en mi alma.

Leonel de Jesús, el nombre
De este niño que me han dado,
Con el tiempo se ha hecho hombre
Y el amor ha madurado.

Cuatro hijos me ha dado Dios
Para amarlos por igual,
Los cuatro, gracias a Dios,
De nobleza sin igual.

Sergio Amaya S.
Sep 28/2007
Naucalpan, Edo. Méx.

LOS AMANTES

Los viejos muros de aquella Prepa
fueron testigos de un dulce amor,
¡que son muy jóvenes!, la gente increpa,
en su inocencia está el candor.

Tiernos susurros, dulces promesas,
que yo soy tuyo, que tú eres mía,
amor que tiene sus almas presas,
la niña amada en él confía.

Pero un buen día la niña falta,
el hombre sufre, le falta el alma;
pasan los días, la duda asalta,
el hombre joven pierde la calma.

Noticias llegan, que está muy mala,
los viejos muros y el hombre lloran,
ya no resiste, el frío le cala,
la joven muere, todos le añoran.

Pasan los meses, pasan los años,
los viejos muros recuerdos guardan,
se oyen lamentos, fru fru de paños,
son los amantes que el tiempo aguardan.

Alguien me dice que los han visto,
juntos, muy juntos en los pasillos;
¿será verdad?, yo me resisto,
ya lo comentan, forman corrillos.

Esa es la historia de los amantes
que yo escuchaba allá, en la Prepa,
un amor puro, casi de infantes,
pasa la historia, que el mundo sepa.

Sergio Amaya S.
Dic. 10/2007
Naucalpan

UNA LUZ EN MI SENDERO

Dios eterno, Dios divino,
Si gracia encuentro a tu vista,
Dame Padre una estrella
Para alumbrar mi camino.

Esta petición, constante,
Yo la hacía desde siempre,
Para alumbrar mis tinieblas
Esperaba yo ese instante.

Y ese momento llegó,
Pues escuchando mi ruego
Puso en mi vida una Luz
Y una hija me legó.

Lucy, mi hija preciosa,
Cuatro décadas y un lustro
Que alumbras tú mi sendero
Y mi amor en ti reposa.

Mariposa de mil flores,
Llévale un ramo a mi hija,
Que recuerde su cumpleaños
Y renueve mis amores.

Sergio Amaya S.
Naucalpan, nov/2007

ODA A MI MADRE

Cuánto recuerdo a esa mujer,
que con amor y entrega
me educaba, tal vez sin saber
qué destino me esperaba,
pero me enseñaba a amar
a mi prójimo y a complacer.

Amor como el de ella, inestimable,
pues se entrega sin medida
ni esperanza, dejando en mi alma
la semilla de ese sincero
amor que todo lo calma,
pues abre puertas y calma lo indomable.

Recuerdo su calor, mano con mano,
su mirada amorosa, cual ninguna,
guiándome siempre con firmeza,
inculcándome estudio y trabajo,
combatiendo constante a la pereza
y enseñándome a amar siempre al hermano.

Esa mujer, hermano, es mi Madre,
a quien llevo conmigo aquí en el alma,
pues cuando cruzo mares tormentosos,
invocándola a ella, vuelve la calma.
Mucho agradezco a Dios que fui su hijo,
Pues en ella tuve yo Madre y Padre.

Sergio Amaya S.
Dic. 08/2007
Naucalpan
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EL PREMIO

Cuarenta Y cuatro años hace
Desde que llegaste a mi,
A enriquecerme la vida,
Vida que tanto me place.

Son los hijos como un premio
Que Dios nos hace a los padres,
Grande debe ser mi gracia
Y lo digo sin apremio.

Sergio, gracias por ser un gran hijo
Y los nietos que me has dado,
Báculo de mi vejez,
Alma que brinda cobijo.

Cuando al final del camino
Encuentre yo al Dios eterno,
De rodillas o postrado, mucho le agradeceré
Que te puso en mi camino.

Paloma, lleva mi canto
A este hijo tan amado,
Es un regalo de Dios,
Dile que le amo yo tanto.


Sergio Amaya S.
10 Nov/2007
Naucalpan
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