jueves, 13 de diciembre de 2007

ODA A MI MADRE

Cuánto recuerdo a esa mujer,
que con amor y entrega
me educaba, tal vez sin saber
qué destino me esperaba,
pero me enseñaba a amar
a mi prójimo y a complacer.

Amor como el de ella, inestimable,
pues se entrega sin medida
ni esperanza, dejando en mi alma
la semilla de ese sincero
amor que todo lo calma,
pues abre puertas y calma lo indomable.

Recuerdo su calor, mano con mano,
su mirada amorosa, cual ninguna,
guiándome siempre con firmeza,
inculcándome estudio y trabajo,
combatiendo constante a la pereza
y enseñándome a amar siempre al hermano.

Esa mujer, hermano, es mi Madre,
a quien llevo conmigo aquí en el alma,
pues cuando cruzo mares tormentosos,
invocándola a ella, vuelve la calma.
Mucho agradezco a Dios que fui su hijo,
Pues en ella tuve yo Madre y Padre.

Sergio Amaya S.
Dic. 08/2007
Naucalpan
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